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Si quieres, puedes ser feliz.
La felicidad consiste, sencillamente y según como yo la entiendo, en sentirse bien con lo que uno tiene y adecuar la capacidad de consumo a la capacidad de generación de ingresos, para poder comprar solo los productos o servicios posibles.
Pero, para que la felicidad no sea conformismo, una parte de ella debe ser también, el espíritu de superación personal y la capacidad para plantearse objetivos con un cierto grado de dificultad y trabajar horadamente para conseguirlos.
A partir de aquí es trabajo bien hecho y el merecido descanso, para poder día a día continuar trabajando y esforzándose. Así es que yo me siento feliz.
La felicidad no es consumismo desbordado, ni disponer de dinero para saciar la compra compulsiva de productos y servicios lujosos a los que nos invita continuamente la publicidad.
Yo nunca me he sentido feliz, ni mejor ni más importante por llevar una corbata de marca o comer en tal o cual restaurante. Pero no niego que lo he hecho alguna vez, influido por el esnobismo y la publicidad. Pero al darme cuenta cuál es mi verdadera capacidad de consumo, me he sentido feliz de poder reorientar mis deseos a lo que de verdad he sido capaz de adquirir.
Uno no e feliz todo el tiempo y si yo alguna vez no la he sentido, ha sido mas por incomprensiones que espero temporales de personas a las que estimo, que por asuntos materiales.
Caminando por Manhattan.
Hace dos semanas estuve en Manhattan, paseando por las principales avenidas, observando, pensando y concluyendo, quizás superficialmente, sobre la felicidad de la gente que me encontraba a lo largo de un kilómetro de la Quinta Avenida…. Una calle con tal movimiento y bullicio, solamente comparable con la zona de Ginza en Tokio.
¿Has visitado Manhattan? Esta parte del Estado de Nueva York diferente por el ritmo de vida, el trajín y la velocidad con la que suceden las cosas mucho mas intenso que en otras ciudades de Estados Unidos y Europa.
Pues caminando, con el ritmo que permite observar y reflexionar un poco sobre la felicidad, me encontré con una diversidad de gente de ahí y de muchos lugares del mundo, que circulan como las hormigas en un hormiguero por trabajo, por que viven ahí o bien porque visitan la isla por negocios o turismo.
La pirámide social de Manhattan.
De pronto para una limosina de diez metros de largo, alguien uniformado elegantemente abre la puerta y otros muy bien vestidos se bajan y entran directamente y a prisa en los rascacielos… Son, pensé, lo que están en la escala social de esta ciudad, inmediatamente abajo de los pocos que entren en los rascacielos por la azotea cuando sus pilotos los traen de sus mansiones en helicóptero….
Mas adelante encuentra uno a los neoyorquinos o gente de otros lugares que han venido a Manhattan, que hace diez años llamábamos “yupis”... Son empleados eficientes que con sus elegantes trajes y uno o dos auriculares en los oídos van hablando solos y gesticulando por la calle, de seguro recibiendo o dando instrucciones… Son los hombres y mujeres que según me dicen ganan más de cien mil dólares al año …
Al continuar observas a los neoyorquinos, norteamericanos de nacimiento o nacionalidad, que de seguro son los trabajan a la orden de los yupies y a medio día que salen a comer con prisa a los restaurantes de comida rápida.
Entretanto observé una inmensidad de turistas de todo los colores y nacionalidades, más que todo europeos, vestidos de cualquier forma con dos o tres bolsas en la mano luciendo los nombres de las tiendas famosas… Con el Euro a $1,60, las rebajas de verano y que aqui casi todo vale la mitad que en Europa es fácil imaginárselo... Por cierto y por si no lo saben, y lo comprobé hace dos semanas en Múnich, cualquier cosa está más cara aqui en España que en Alemania. Así es que estamos afrontando la crisis y esto, que según el Sr. Ministro, lo peor está por llegar.
Pues continuando con mi paseo por Manhattan, la siguiente gente que encontré son los que trabajan en algún servicio como camareros, taxistas, conductores de bus, dependientes en las tiendas y que por lo general son emigrantes de casi todos los países del mundo. Y así es muy fácil ver un taxista con el turbante de la India o la forma casual de vestir de un caribeño o incluso una camisa ancha de algún país africano.
Para mantener el orden en este gran conglomerado está la policía con sus agentes a caballo, a pie y en vehículos y, a la par de los policías, están los bomberos y las ambulancias... Esta fue la tercera vez que visité Manhattan y desde la primera observé, que a toda hora se escucha cercano, el zumbido de sirenas, que bien son de la policía, los bomberos o en de las ambulancias.
La siguiente gente en que me fijé son los transportistas y la gente que descarga productos y carga desechos en las tiendas y los restaurantes. En penultimo lugar los que muestran sus habilidades con algún instrumento musical u otra actividad que llama la atención en las aceras y solicitan el aplauso y la propina de los trasuntes y por ultimo, los que por caridad piden ayuda porque no tienen trabajo o no quieren trabajar y luego, al final, los que ya ni piden y deambulan empujando su carrito de supermercado donde llevan sus pertenencias y se paran a dormir donde se les hace noche...
Cada uno parece feliz con lo que tiene.
Pues reflexionando al mismo tiempo que observaba sobre la felicidad de todas estas gentes, me pareció que cada uno está en lo que está y ojalá que en su intimidad sean felices, al igual que yo trato de serlo en la mía.
Manhattan, según dicen es el lugar donde más rápido en el mundo, quien de verdad se esfuerza, se organiza y se lo propone, puede subir hasta donde quiera o se canse de trabajar y subir y se diga a si mismo: \"es suficiente\"…
Me dijeron que para vivir aqui, más o menos bien, hay que ganar más cien mil dólares al año, porque todo es caro y especial. Una comida de menú en un restaurante de media clase vale entre 35 y 45 dólares, excluido la bebida y la propina de 18%... Pero también se puede sobrevivir con pizzas, con hamburguesas, con hot dogs y con cerveza… Ok....
La felicidad es cosa de cada uno.
Pues luego de observar lo que pasa en esta ciudad, que no es muy diferente a lo que sucede en tu ciudad, Valencia, Madrid o Barcelona, sigo pensando que la felicidad está en uno mismo y que otra clave importante para sentirla, es quitarse los frenos que no permiten ser feliz: la envidia, el rencor acumulado y el enojo continuo porque las cosas son como son y no como uno quiere.
Pues eso .... Cuando puedas, pasea por la ciudad distendidamente y observa a la gente y si te fijas bien, concluirás que independientemente de la clase social a la que pertenecen o creen pertenecer, tienen los mismos problemas y satisfacciones que tenemos cada uno: Amor, desamor, salud, enfermedad, simpatia, antipatia, comprensión, incomprensión, agradecimiento, desagradecimiento, lealtad, deslealtad, competencia, incompetencia, esperanzas, desesperanzas, cercanía o lejanía, sentimientos y frialdad… Lo mismo que en cualquier otra ciudad del mundo….
Concluyendo mi estimado amigo, si quieres ser feliz o más feliz y no lo eres, no será por que no te lo permiten, sino por que no quieres o no haz definido bien, qué esperas de la felicidad y cómo quieres entenderla.
Sin ser conformista y manteniendo el espíritu y ánimo de trabajo profesional, todos podemos ser un poco más felices, aqui y en Manhattan.
hasta la próxima
P Roque
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