Ver todos los articulos PR&A
Articulo semanal publicado el 10/12/07
Todos mentimos todos los días...

Lecturas realizadas:205

Esta semana escuché una conversación entre dos expertos en el estudio del comportamiento humano y un periodista… Hablaban sobre las mentiras en nuestra sociedad… Me llamó la atención la aseveración que, según estudios confiables, toda persona normal, es decir, sin ser un mentiroso reconocido, fantasioso o adicto a las exageraciones, mentimos unas treinta veces al día… (p. 2)

Asustado por la cifra y para entender mejor qué significa mentir, he conversado con varios amigos. “Mentir es no decir la verdad”, me dijo uno. Otro opinó: “No decir toda la verdad, no es mentir, sino evitar incomodidades innecesarias a la gente”. El tercero me dijo que mentir es relativo, pues si uno lo que dice es “su verdad” no miente…¿y usted, cómo definiría mentir?

Cuanto más pienso, menos me aclaro sobre la mentira y la verdad. Pues si resulta complicado entender qué es la mentira, más lo es saber, qué es la verdad, sobre todo cuando cada uno, en la única que cree, es en “su propia verdad” y por eso, lo de la mentira se complica mucho más...

Lo que si parece cierto, es que tergiversamos instintivamente los hechos cuando no estamos seguros si su repercusión será agradable o desagradable y mentimos para asegurar que no sea desagradable…

Observando hace tiempo cómo un niño de cinco años corría hacia un sillón y disfrutaba girándose en el último momento para caer sentado, de pronto se quebró un soporte del sillón y el niño al darse cuenta que él lo había roto se asustó. Sin saber que yo lo había visto, vino a mi y temblándole la voz, las piernas y casi llorando me dijo: “Mire, cuando me senté con cuidado en el sillón, se rompió”… Sabiendo cómo había sucedido y riéndome a carcajada limpia, le expliqué por qué el sofá se había roto y también, que siempre es mejor decir la verdad…

Sin que nadie le dijera cómo, estoy seguro que su instinto de protección le llevó a formular la primera mentira de su vida. Tratando de protegerse, su mente tergiversó los hechos, pero su conciencia, aun pura a los cinco años, no le permitió mentir con frialdad… Ahí entendí, que mentir en los humanos, es un mecanismo natural de defensa…

Las mentiras pueden ser grandes, pequeñas, con consecuencias importantes y sin mayor importancia. Se miente por interés, por dinero y alguien me dijo, incluso por amor.

Se miente profesionalmente, cuando por ejemplo un vendedor asegura que entregará un pedido, sabiendo que es imposible para cuando lo promete… Pero como el cliente sabe que no cumplirá, la mentira, sin dejar de serlo, no se asume como tal, lo mismo que cuando prometemos algo, que no tenemos la intención de cumplir.

¿Y qué pasa en las campañas políticas?, ¿nos mienten los políticos? Alguien que le gusta la política me explicó: Los políticos no mienten… Lo que sucede es que primero se autoconvencen de lo que van a prometer y quizás, en realidad, hasta llegan a creer que será posible… Pero como las promesas son a futuro y el futuro es incierto concluyen que en el camino se pueden reordenar… Lo que si es cierto, es que exageran con frecuencia, pero eso, tampoco es mentir, pues uno de los principios básicos de la publicidad es exagerar y en nuestra sociedad, exagerar para conseguir algo no parece estar mal visto…

¿Cuántas veces decimos si o no, sabiendo que será lo contrario?. Y ¿cuántas veces exclamamos: ¡Te veo muy bien!, ¡Que guapa estás!, ¡Te quiero mucho!, ¡A las nueve! sabiendo que será a las diez, o bien: ¡Mañana te envío el cheque!..?, Y ¿cuántas veces exageramos diciendo: ¡está buenísimo!, ¡Excelente!, ¡Perfecto!, o aseguramos que alguien “es mi amigo” sin apenas conocerlo, y luego se arregla diciendo… ¡bueno, lo conocí hace un año y hemos hablado dos veces!...?

Pues si exagerar es mentir, seguro que lo hacemos no treinta sino muchas más veces al día... Y ¿cuántas cosas no del todo ciertas, decimos para quedar bien o no producir malestar, asumiendo por ambas partes, las medias mentiras, las mentiras piadosas, las falsas verdades o los dogmatismos que solo existen en teoría?

¿Podemos hacer una escala de los más mentirosos? Los que más mienten, me dijo un interlocutor, son los publicistas con los anuncios imposibles, luego los políticos, que puede ser, que se crean sus promesas. Después los maridos con las mentiras y mentirijillas a sus esposas, luego, las esposas con sus falsos pretextos a sus maridos, después vienen los hijos con sus mentiras a los padres y al final todos con la inmensidad de cosas que afirmamos sin haberlas comprobado… Los rumores que los periodistas convierten en noticias, al no desmentirlas, supongo que también se convierten en mentiras…

Y terminando le pregunto: ¿Qué piensa cuando escucha que alguien responde: ¡Con toda sinceridad!...? Yo, que no dice la verdad… Pues la sinceridad, o se tiene o no se tiene…

Pedro Roque